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Cómo se debe actuar en un restaurante de postín

Cada vez se están poniendo más de moda los viajes gastronómicos y las visitas a restaurantes de postín, a menudo de chefs estrella con estrella Michelín, por parte de todo tipo de clientes. El boom gastronómico que viven nuestro país así lo está confirmando.

Muchos de ellos nunca han estado en un local de este calibre donde, si bien no existen normas escritas, sí se espera ciertos detalles de decoro de los comensales. Es por eso que vamos a tratar de poner en valor algunos de ellos que, por otro lado, responden al sentido común.

Vestir correctamente: Aunque el abanico es muy amplio, debemos saber que no estamos en un chiringuito de playa por lo que nada de camisetas, bañadores, chanclas ni nada parecido. Los hombres pueden llevar una camiseta si esta no es excesivamente playera y unos pantalones cortos si no son bañador, aunque lo aconsejable es camisa y pantalón largo, con zapatos por supuesto. En cuanto a las mujeres, cualquier indumentaria habitual de salir a cenar por ahí un poco más arreglada valdría, siendo el vestido o el pantalón liso y una manga larga lo recomendable, con zapatos con altura.

Educación: De nuevo debemos alejarnos al máximo del local de playa. No debemos levantar el volumen de nuestra conversación por encima del que imponen el resto de comensales. Tampoco llamaremos al camarero a grito pelado. Los expertos en protocolo recomiendan no pedir salsas, no pasarse pidiendo pan, coloca la servilleta en el regazo, limpiarse recatadamente y ni dejar el bolso, la cartera o el teléfono encima de la mesa.

Avisar sobre intolerancias: Aunque casi con toda seguridad nos preguntarán por ellas, es imprescindible a la hora de realizar la misma reserva informar al respecto. Y es que en los menús de los chefs estrellados el menú está ya confeccionado, elaborando, eso sí, alternativas para las distintas intolerancias habituales entre los clientes.

Preguntar: A pesar de lo que pudiera parecer en un principio, es recomendable preguntar todo aquello que deseemos satisfacer como curiosidad al personal puesto a nuestra disposición. El servicio estará encantado y más que preparado para solventarles cualquier duda sobre el funcionamiento del local, el menú, las elaboraciones o cualquier otro detalle. Siempre, obviamente, que se haga con educación y discreción.

El vino: No es obligatorio pedir vino, aunque es más que posible que se nos ofrezca una larga carta, cuando no la posibilidad de maridar nuestros platos con el vino que el chef considera mejor le queda a cada elaboración. Cada vez son más los locales que ofrecen cervezas de distintos tipos como alternativa. Si no, el agua es la comanda más elegante, claramente por delante de los refrescos.

Como ven, saber comportarse, que es a lo que se reduce la lista, no es tan complicado como algunos puedan llegar a pensar. Sentido común, educación, respeto por uno mismo, el resto de la mesa y el resto de comensales son los ingredientes necesarios para disfrutar de una velada perfecta en pareja o en grupo.

Cómo saber cuando estoy ante un buen restaurante y cuándo no

Cada vez es más sencillo elegir un buen restaurante. La multitud de reseñas realizadas en webs de referencia como ‘Tripadvisor’ o por influencers de las redes sociales como ‘Dóndeestáycuántocuesta’ han empezado a desplazar al antiguo boca a boca -que sigue siendo otro factor determinante- y a las cada vez menores reseñas en prensa y revistas especializadas.

No obstante, si no sabemos encontrar una buena reseña, no queremos recurrir a ellas, o si somos nosotros los que queremos empezar a escribirlas, estos son los puntos que nos ayudarán a determinar cuándo estamos ante un buen restaurante y cuándo ante uno malo o regular.

El aparcamiento: El primer punto que se tiene que tener en cuenta es el relacionado con la posibilidad de aparcar en las inmediaciones del restaurante. Si este no dispone cerca de una zona para aparcar o si dispone de una demasiado lejos, provocando que lleguemos tarde a la hora de nuestra reserva la experiencia empezará mal.

El recibidor: El primer contacto con el cliente debe mimarse con atención. Cualquier cliente que llegue debe ser recibido al instante y hacerlo con la mejor de las caras y amabilidad. Estar pendiente en la puerta, indicar si su mesa está lista o cuándo lo estará y ofrecerles algo si deben esperar por algún motivo marca la diferencia… para bien y para mal

El servicio: Un buen restaurante ofrecerá acompañamiento a la mesa a los clientes, les ofrecerá en ese mismo momento la carta y estará atento a que, una vez estos han dejado de ojearla, les preguntará qué desean pedir. En este punto se deben evitar las esperas. Es igualmente imprescindible que el camarero sea capaz de vender los platos, explicarlos y atender a los requerimientos específicos de cada comensal. Cómo quiere la carne, si quiere cambiar algo, si quiere limón en la bebida y hacerlo de buen gusto.

La vajilla: Aunque parezca raro son muchos los locales de hostelería que no cuidan que su cubertería su vajilla esté en las mejores condiciones. Cuando empieza el servicio, es importante cuidar debidamente la temperatura de los platos colocando platos fríos con comida fría y calientes con comida caliente. En cuanto a los vasos, estos no pueden tener restos de agua ni gotas secas. La higiene es fundamental en todos los aspectos.

La comida: La presentación por parte del camarero y la forma en la que se coloca la comida en el plato es el primer punto que marca la diferencia. También que las texturas y las cocciones sean las correctas, que las salsas tengan el espesor indicado y que los colores del producto sean los correctos. Ni que decir el punto del aroma del plato. La comida no sólo tiene que estar buena… sino también parecerlo desde el minuto uno.

Como último punto no está de más fijarse en la cocina, si pasamos por delante o está al aire libre, así como de la ‘puerta trasera’ y el orden y el olor de esta, así como la colocación de las basuras. Estos detalles relacionados con la higiene son los que nos indican que estamos ante un buen restaurante… o ante uno regular, malo o muy malo.