Cómo disfrutar al máximo del jamón ibérico de bellota de Guijuelo

Hablar de gastronomía española sin hacerlo del jamón ibérico, y más concretamente de la joya de la corona de todas sus variedades, el jamón ibérico de bellota, es casi imposible. Si además lo hacemos del jamón criado en Guijuelo, aún más.

Este producto gourmet, rey de nuestra gastronomía, es cada vez más consumido tanto dentro como fuera de nuestras fronteras, lo que nos obliga a conocerlo un poco mejor para, siguiendo las recomendaciones de productores y expertos, disfrutar al máximo del producto alimenticio estrella ‘Made In Spain’.

En este sentido es importante saber que, una vez hemos adquirido nuestro jamón ibérico de bellota de Guijuelo debemos saber que el gran enemigo para la conservación en las mejores condiciones de nuestra pieza será el frío, afectando este a la calidad del producto haciéndole perder muchos matices.

Es por eso que a la hora de conservarlo mientras estamos disfrutando de la pata de jamón se recomienda mantener en un lugar fresco y seco pero alejado de la nevera, ya que al encontrar en contacto con las bajas temperaturas se pierden muchos de los matices tanto a nivel de olor como de sabor. El porqué es muy sencillo, a bajas temperaturas este no puede liberar la grasa que es necesaria para aromatizar la pieza antes de su consumo.

Lo que sí conoce todo el mundo, aunque aseguran varios estudios que no muchos saber cortarlo en condiciones, es que el jamón ibérico de bellota de Guijuelo potencia su sabor al ser consumido en lonchas finas. Para poder apreciar todo el sabor sin tener que recurrir a una masticación excesiva deberemos buscar las lonchas más finas posibles que casi provoquen que estas se derritan en nuestro paladar.

Es ideal, según los mejores catadores de jamón ibérico de bellota que este se corte en una temperatura exterior que oscile entre los veinte y los veinticinco grados centígrados. Es en este momento cuando podremos comprobar la calidad del jamón. Si este se deshace entre nuestros dedos al cortarlo fino es que estamos ante una pieza de gran calidad.

En cuanto al corte debemos agregar que lo ideal es cortar sólo aquella cantidad que se desee consumir, ya que a las 24 horas de haber sido cortado este empieza a perder el sabor y el aroma que exhala una vez ha sido loncheado y que nos permite disfrutar del jamón en su máxima expresión.

En el caso de que contemos con lonchas que no se han podido consumir y queramos conservarlas unas horas le colocaremos papel film al plato y lo dejaremos reposar a temperatura ambiente hasta que demos buena cuenta de estos excedentes en cuestión de horas.

Una vez despojado de su corteza, lo ideal es consumir la pieza en un máximo de tres o cuatro semanas manteniéndolo en unas condiciones de conservación óptimas en las que deberemos evitar colocar un paño encima de la pieza para no convertir este trapo en un foco de bacterías y limitándonos a taparlo con su propia corteza arrancada en el inicio del cortado de la pata.

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