Costumbres españolas en la mesa… que el resto del mundo no entiende II

Seguimos con el repaso de las ‘extrañas’ costumbres que los españoles tenemos alrededor de la mesa con algunos de los asuntos más difíciles de comprender para los extranjeros que nos visitan… o se encuentran con algún ibérico expatriado en algún país del mundo. Tomen nota que seguro les toca explicar más de una a algún amigo ‘guiri’.

Con la paella no se juega

El afamado cocinero inglés Jamie Oliver ya sabe cómo nos las gastamos en este asunto. Paella sólo hay una y luego hay arroces que puedes hacer cómo te den la gana. Esta, por mucho que algunos se empeñen, no lleva ni cebolla… ¡ni por supuesto chorizo!. Cocinen el arroz como les plazca, pero háganos un favor, no lo llamen paella si esta no es la típica con pollo, conejo, garrofó, tomate, judía y, si gustan, alcachofa y caracoles.

Bebidas del tiempo

Para los ‘guiris’ el agua sólo puede tomarse normal, si no se dice nada, o fría, si te la reclama el cliente como “cold”. Sin embargo, una expresión muy patria casi imposible de explicar es la que dice que si queremos una bebida fría, ya sea agua o café, lo pediremos del tiempo. Aunque fuera hagan cuarenta grados. Sí, así somos los españoles.

Los negocios se cierran en la mesa

Aunque nadie niega que las oficinas, las reuniones en los lobbys de hoteles o en las convenciones y ferias se cierren muchos negocios, como más nos gustan cerrarlos por aquí es alrededor de una mesa. Nada nos predispone más y nos acerca más a nuestro interlocutor que una buena comida con una sobre mesa sin hora de finalización. Algo que sigue sorprendiendo a muchos empresarios foráneos.

La siesta… no es sagrada

No. Ni somos mexicanos, ni todos los españoles hacemos la siesta. De hecho, son minoria los trabajadores que pueden disfrutar de un paréntesis que les dé para comer, hacer la siesta, volver a espabilarse y retornar al tiempo de trabajo. De la misma manera, ¡qué decepción! no tenemos camas en las oficinas para echar una cabezadita. Qué más quisiéramos

Cumpleaños sin regalos

Si algo está estructurado como tradición en todos los países occidentales menos España es que cuando te invitan a un cumpleaños todos los presentes deben llevar un regalo. Pues en España no siempre es así. A veces este se celebra como una simple reunión de amigos en la que los más detallistas acuden con algo. Por si esto fuera poco, la mayoría de veces… ¡la cena la paga el cumpleañero! algo increíble fuera.

La fiesta en invierno se acaba con churros y chocolate

Aquí no nos cierran los locales a las tres de la mañana, sino cuando el sol vuelve a salir. Algo que ya nos diferencia de la mayoría de países de Occidente. Tan tarde acabamos que el hambre nos sacude sin piedad y, para rematar la fiesta, decidimos ir con los amigos a desayunar por ahí. Si es verano lo podemos cerrar con unas tapas y una caña, si es invierno, nada mejor que un chocolate con churros.

Costumbres españolas en la mesa… que el resto del mundo no entiende

Spain is different. Ya lo dice el dicho y, cuando el dicho dice algo, es por algo. Pues sí, España en diferente a los países de nuestro entorno -y más aún a los más lejanos- en todos los sentidos. También en la comida como vamos a ver en este post en el que vamos a poner el acento en todas aquellas costumbres alrededor de la mesa que tenemos interiorizadas y que en el resto del mundo siguen sorprendiendo cada vez que las tratamos de explicar.

El pan… hasta en la sopa

Mientras que en otras culturas el pan se limita a su presencia en sandwiches o pizza, cada vez que un extranjero llega a España alucina viendo como le ponemos pan a las tapas, cómo nos comemos bocadillos que son media barra de pan o cómo acompañamos la comida con pan en cualquier bar, y claro está, también en casa. Que encima le echemos pan a la sopa, como sucede en muchos platos tradicionales ya lo consideran el colmo. Para muchos somos el país del pan.

El desayuno, por obligación

Mientras que en la mayoría de países el desayuno es la comida más importante del día -en Estados Unidos, a menudo la más fuerte- en España hay mucha gente que desayuna por mera obligación. Entre la ducha y salir por la puerta pitando le pegamos un par de tragos al café y mordemos algo de bollería o una pieza fruta. Lo fuerte lo dejamos para la comida… o para la cena, lo que extraña y mucho fuera.

Tapa gratis con la bebida

Si algo sorprende a los anglosajones es que en muchas ciudades de España, cada vez que pides una cerveza o un vino te saquen un tapa para acompañarla completamente gratis. Tanto que muchos no dudan decir al camarero que no la han pedido o, si deciden tomarla, que se les ha olvidado ponerla en la cuenta. Eso se traduce en muchos casos en una tremenda alegría… y también en una suculenta propina.

La hora de la cena

Mientras en la mayoría de Europa a las 7 se está cenando y a las 20 sólo queda algún rezagado, en España, en parte como consecuencia del mundo laboral pero también de las tradiciones, no hay una hora de cena. Hay quien cena a las 21.30, a las 22.00 o más tarde. Muchos cuando pueden y algunos van cambiando sus horario. Fuera, cuesta mucho de explicar cómo muchos bares te permiten pedir la cena a las 23.30 o a medianoche.

Con la tradición no se metan

Si en muchos países se permiten deslices con las recetas tradicionales, lo que sucede en España con la tortilla de patata -que sólo puede admitir o no la cebolla-, la paella -que debe ser la valenciana para no pasar a ser arroz- con el gazpacho -que es religión en Andalucía- y otros platos regionales asusta. Estos nos tienen por auténticos talibanes de la comida… o al menos de nuestros platos más emblemáticos. Con nuestras recetas de siempre no se juega.

Un tercio del presupuesto de los turistas va destinado a la comida

Conocer la gastronomía local es una parte fundamental de cada viaje. Si a eso le sumamos el más que conocido boom gastronómico que vive nuestro país, gracias al buen hacer de muchos de los chefs y a la huerta y la materia prima de mar y montaña de la que disponemos en la península ibérica, los datos que acabamos de conocer sobre el turismo en nuestro país no deben resultarnos tan extraños.

Y es que uno de cada tres euros que los turistas que visitan España va destinado a la comida, tal y como, entre otros ayuntamientos, ha podido comprobar de primera mano la capital de la Comunidad Valenciana, Valencia, donde las atracciones gastronómicas son uno de los puntos fuertes de una de las ciudades que más está creciendo a nivel turístico en nuestro país en los últimos años.

El buen tiempo, la combinación de las zonas más históricas en el centro de la ciudad, combinada con la playa y los nuevos barrios de moda como Ruzafa están detrás de este éxito que la Concejalía de Turismo valenciana resumía así con los números en la mano: «El turismo gastronómico representa una industria global de 150.000 millones de euros. Cada año, más de 7 millones de turistas internacionales realizan actividades gastronómicas durante su estancia en España. Y, en Valencia, el gasto turístico en gastronomía supone el 30 % del gasto medio por estancia, por detrás solo del alojamiento. Por todo ello, este producto es uno de los prioritarios dentro del plan estratégico».

Algo muy parecido está ocurriendo en Madrid repartiendo por zonas y tipos de comida distintos perfiles de amantes de la gastronomía con los menús más clásicos de la zona del rastro y Plaza Mayor, las más juveniles y con precios más asequibles en la Latina y las de mayor enjundia en las inmediaciones de Colón o Castellana.

En Barcelona, como sucede en Valencia, se encuentran propuestas de altos vuelos en los hoteles más reconocibles de la ciudad, otras más marítimas en la zona del puerto, una más turísticas en las cercanías de las Ramblas y el nacimiento de cosas más atrevidas en El Born, Gràcia y a ambos lados del Eixample.

De las tres provincias vascas con su reguero de estrellas Michelín, del boom de chefs gallegos, de los referentes del producto en las Castillas o de la innovación con el producto local de los talentosos chefs andaluces no hace falta ni mentarlo.

Turismo gastronómico en España

Todo esto está suponiendo una nueva forma de turismo que, en ausencia de otros destinos turísticos mediterráneos con problemas de seguridad, están llevando en los últimos años a repuntar el interés por conocernos en todas nuestras vertientes por gentes de todo el mundo. España no sólo es buen tiempo, historia y los centros de las capitales madrileñas y catalanas, también es mucha la gastronomía del máximo nivel, y eso gusta y mucho a los cada vez más ‘gastrónomos’ que deciden sus destinos en función de la comida. Los empresarios lo saben y lo están explotando. ¡Larga vida al turismo gastronómico!.

Receta del auténtico Cachopo de ternera asturiano

Una de las recetas más buscadas en los últimos tiempos en toda España es la del típico Cachopo de ternera asturiano. A mitad camino entre un San Jacobo gigante y un Cordon Bleu, este generoso plato se erige como una auténtica fuente de energía para los comensales que osen acabárselo.

Y es que cuando hablamos de Cachopo lo hacemos de dos filetes de ternera empanados rellenos de queso y jamón serrano que se fríe dejando el interior jugoso y de lo más apetecible. ¿El por qué del éxito? Prueben su sabor y en seguida lo entenderán.

Tomen nota porque aquí les vamos a dejar la auténtica receta asturiana del Cachopo de tercera para cuatro personas, explicada paso a paso.

Ingredientes para Cachopo de ternera para 4 personas:

4 filetes de ternera cortados dobles bien finos, tipo librillo para San Jacobo (unos 120 g. la unidad)
4 lonchas de jamón serrano (se puede sustituir por cecina)
8 lonchas de queso (Gouda, cheddar, gruyere, Edam y para los más queseros Cabrales)
Pimienta negra y sal (al gusto)

Para el rebozado:
100 g. de harina de trigo
2 huevos grandes y 200 g. de pan rallado

Guarnición:
4 patatas gallegas grandes

Opcional:
4 pimientos del piquillo
Aceite de oliva virgen extra suave (el necesario para freír)

Cómo se prepara el Cachopo asturiano, paso a paso:

Colocamos los ingredientes en tres platos separando la harina, el pan rallado y los dos huevos batidos que utilizaremos para el rebozado.

Una vez cortados los filetes bien finos en dos, que sean lo más iguales posible u los limpiemos bien, los aplanaremos para ablandarlos y extenderlos antes de salpimentarlos al gusto. En uno de los cortes colocaremos el jamón serrano y en la otra el queso, escogiendo aquel que más nos guste. Algunos gustan de colocar un piquillo abierto entre medias de los dos filetes que uniremos.

Para empanar el Cachopo en Asturias primero apretaremos bien los bordes de los filetes antes de hacerle el clásico rebozado con harina, huevo y pan rallado. Hay quien prefiere darle dos capas antes de freírlo. Si se quiere más crujiente se puede usar pan rallado y, antes de meterlos en la sartén, se recomendaría cerrarlos con un palillo

Para freír utilizaremos un aceite de oliva virgen extra suave que calentaremos previamente a alta temperatura para así conseguir un empanado crujiente en poco tiempo a fuego medio-alto. Cuando este esté tostado lo sacaremos. En 2-3 minutos por lado lo tendríamos listo.

Una vez frito, los secaremos con un papel absorbente y lo reservaremos hasta emplatar con la guarnición que, además de las patatas, deberá completarse con una salsa como la de Cabrales, Sidra o de tomate a la pimienta. Unas verduras a la plancha o alguno de los piquillos que nos han sobrado al ajillo también pueden ser la combinación perfecta par aun plato de diez.

Para beber, bien un vino tinto o una sidra se erigirían como el maridaje perfecto para un plato que, difícilmente, no gustará a todos los miembros de la familia. A disfrutar mucho cocinando… y ¡qué aproveche!.

Alimentación Consciente: Cómo mejor durante un retiro espiritual

Dicen los que la practican que la alimentación consciente es alimentarse para nutrirse. Una cosa es echarse cosas a la boca por pura gula y otra buscar qué alimentos, en qué cantidad, a qué horas o a qué ritmo la masticamos si queremos que nuestro cuerpo ayude a nuestra mente a encontrar el anhelado equilibrio.

Comer es un arte que nos exige prestar atención a todo el proceso. Desde la compra, buscando olores, sabores y texturas y, como no, también a una alimentación sana, equilibrada y sostenible con el medio ambiente. Si prestamos atención a esto y a cómo nos sienta cada alimento veremos cómo la comida tiene una relación directa con el bienestar físico y espiritual.

Nuestro cuerpo y nuestra mente están conectados y es por eso que todo lo que ingerimos tendrá consecuencias en nuestra mente, por lo que es capital prestar atención a qué comer y ser conscientes de qué es lo que estamos tomando en cada comida. Escuchar a la tierra, a nosotros mismos y buscar la armonía todos estos elementos para lograr el bienestar personal primero y con el planeta después es pues el objetivo de la alimentación consciente.

Entrando en detalle sobre alimentos concretos, cabe recordar que cada temporada tendrá los suyos, como también las cantidades y ritmos de masticado. En este sentido, más allá de los alimentos estacionales sobre los que asentaremos nuestra alimentación, deberemos saber que en verano las cantidades deben reducirse y el ritmo de masticado relajarse multiplicando cada masticar cuanta más comida tenemos delante.

La mayoría de practicantes de este tipo de alimentación recurren al vegetarianismo y al veganismo haciendo uso de alimentos ecológicos, locales y de temporada con fruta y verdura ecológica, frutos secos activados, y frutas secas y frescas, además de leches vegetales hechas en casa.

Es importante tener en cuenta que hay que comer sólo cuando el cuerpo nos manda señales de hambre. Así pues, el desayuno deberá esperar a ese momento dándole, preferiblemente, una pieza de fruta, una tostada con mermelada y un zumo licuado de fruta de temporada. A media mañana volveremos a acudir a una nueva fruta de temporada y algún zumo casero que podrá ser también de verdura o mixto.

Ya como comida fuerte las ensaladas con arroz o quinoa acompañada de olivas y verdura de la huerta ecológica nos prepararán para una crema leve, unas verduras al horno, un arroz vegano y algo de pan integral hecho en casa. Ya para acabar podemos disfrutar de un postre, siempre y cuando este no posea grasas trans, ni azúcar, ni lactora, ni gluten, ni se haya cocinado, optando por opciones caseras. Como es mejor quedarse con algo de hambre, tras el plato fuerte podemos dejar este para la merienda.

Ya para la cena podremos mezclar algo de pasta con frutos secos en pequeñas cantidades o una ensalada verde, en este caso sin postre para favorecer la digestión y el sueño. La alimentación consciente como ideal para encontrar el equilibrio entre cuerpo y mente durante un retiro espiritual.

Receta pan: Cómo hacer una hogaza casera sin masa madre

Una de las sensaciones más gratas de todo cocinero amateur es la que se siente cuando te das cuenta que eres capaz de elaborar una barra de pan con ese aroma tan particular propio de las hogazas caseras y cuyo sabor, mucho más potente y natural que el del pan industrial, tanto gusta a uno mismo y a los invitados a su degustación.

Es por eso que en este post nos hemos marcado el objetivo de enseñar a todo el mundo a hacer pan casero, y lo que parece más complicado, hacerlo sin masa madre y de una manera rápida y sencilla. Es por eso que, si no eres muy habilidoso en la cocina, no te preocupes y sigue paso a paso la receta y verás como eres capaz de acabar comiéndote tu propia hogaza de pan casera tras el primer intento. Vamos allá:

Ingredientes para elaborar una hogaza casera:

– 350 gramos de harina de trigo de fuerza
– 190 miligramos de agua a temperatura ambiente
– 5 gramos de levadura seca
– 2 cucharadas soperas de aceite de oliva
– 1 cucharadita pequeña de las de café, de sal

Elaboración, paso a paso, de una hogaza de pan casera:

Para empezar debemos poner el líquido elemento en un bol y agregarle, siguiendo este orden mientras removemos tras añadir cada ingrediente, la levadura, la harina, el aceite y la sal. Repetirmos que es capital no alterar el orden ya que si la lavadura y la sal entran en contacto echaremos por tierra la receta.

Una vez tenemos esto removido será el momento de amasar hasta que consigamos hacer una masa compacta y homogénea que nos permita manipular tranquilamente su forma con nuetras manos.

Espolvorea un poquito de harina sorbe una tabla o la encimera y colócala después encima para seguir masajeándola durante unos diez minutos. El masajeo debe realizarse doblándola una y otra vez sobre sí misma.

Pasado ese tiempo haremos con ella una bola que volveremos a dejar en el bol, cubierta ahora con papel film. La dejaremos así durante una hora. Una vez pase este tiempo veremos como esta se ha hecho prácticamente el doble de grande.

Será pues el momento de sacarla del bol y amasarla hasta dejarla plana, para seguir amasándola como antes, es decir, doblándola encima de sí misma hasta dejarle la forma de hogaza, si es que no se quiere dejar otra forma como la de una barra o una baguette. En este caso, le haremos la forma de hogaza.

Cuando la tengamos la colocaremos sorbe papel de horno tapada con un trapo nuevo para dejarla reposar así durante otros 50 minutos.

Ahora será el turno de precalentar el horno a 250 grados, si puede ser, activando la opción vapor. Si tu horno no dispone de ella, coloca un recipiente con agua en su interior mientras se hornea nuestra hogaza. Antes de dejarla dentro, recuerda hacerle unos cortes con un cuchillo para hacerla más atractiva visualmente.

Hogaza dentro del horno, en la zona central del mismo y horneado durante un cuarto de hora a esos 250 grados a los que habíamos precalentado. Pasado este tiempo bajaremos la temperatura a 225 durante media hora más.

Durante todo este proceso iremos vigilando la hogaza ya que, dependiendo del horno, el tiempo puede extenderse.

Menú para sorprender a tu pareja en San Valentín

San Valentín ya asuma a la vuelta de la esquina y son muchos los enamorados románticos que tienen previsto prepara una cena a la luz de las velas para tan señalada fecha para todas las parejas.

Para aquellos que estén buscando sorprender con una cena perfecta y fácil de prepara a su pareja les vamos a dejar aquí un menú con el que empezar una noche que debe acabar, mejor si cabe. Tomen papel y boli.

El menú de San Valentín 2017 podría empezar con un tartar de tomate, mozzarella, albahaca y langostinos. Para hacerlo tan solo tendremos que cortar con un cuchillo bien afilado el tomate en daditos lo más pequeños posibles que colocaremos en un molde redondo hasta conseguir una montañita perfefcta que tendrá en la parte superior otros daditos de mozzarella, unos langostinos que apenas deberemos marcar unos segundos en la plancha antes de servirla y un par de hojas de albahaca. Tan sencillo y tan sabroso.

Como plato principal, tres propuestas, por un lado unas rodajas de pollo o cualquier otra carne que rellenaremos con jamón, queso y unos espárragos trigueros y que será el horno quien se encargue de hacerla. La idea es hacerla durante unos pocos minutos a unos 180 grados. Cuando veamos que está dorada, será el momento de sacarla.

Si se prefiere algo de pescado, la opción más sencilla es colocar en la plancha unas gambas, langostinos, algo de sepia y abrir unas almejas para hacer una parrillada. De nuevo, cuando todo esté doradito es que estará al punto para salir.

Por último, la opción vegetariana pasaría por hacer unos tallarines de calabacín y zanahorias y agregarles un poco de nata salpimentada al gusto. Si gusta, se pueden añadir unas gambitas peladas a la plancha.

En cuanto al postre, de nuevo algo sencillo y delicado. En este caso buscaremos un vaso de cocktail o de martini y colocaremos, cortado muy fino, un poco de fresa, naranja o mandarina y kiwi, que aderezaremos con un poco de zumo de mango. Tan sencillo como eso. Para que quede redondo jugaremos con la colocación de los elementos hasta que quede de lo más elegante.

Si a esta cena le agregamos un buen vino blanco, o tinto si optamos por la opción principal de la carne, tendremos todos los números para poder triunfar preparando una cena de diez, incluso sin que hayamos cogido nunca las sartenes, más que para colocarlas en el lavavajillas.

Si aún así tienen alguna duda sobre cómo preparar alguno de estos tan sencillos como ricos platos, os aconsejamos que busquéis alguno de los muchos vídeo tutoriales que puedes encontrar en Youtube y en los que se explica con imágenes y paso a paso cualquier receta como las que aquí os hemos presentado.

No seas manazas, no intentes hacer más de lo sabes, y ponle mucho cariño. Si lo haces, estarás listo para triunfar con una cena de lo más romántica que tu pareja no olvidará. ¡Ah! No olvides comprar un par de velas para la ocasión.

Comida India: Qué pedir para disfrutar al máximo y no morir de picante en el intento

Si hay una comida que cada vez está más de moda esa es la india. La gran variedad de sus platos en función de las decenas de regiones de su amplio país, la infinita gama de especias utilizadas en sus platos y lo sabrosas de sus milenarias recetas tienen la culpa. El exotismo tiene el resto.

Es por eso que, para los menos duchos en la gastronomía india y más curiosos gastronómicamente vamos a tratar de introducirlos en la apasionante y casi infinita comida del país asiático que tanto adeptos cosecha en todo el mundo.

Lo primero que debemos saber de la comida india es que allí, a diferencia de en los países occidentales, no hay entrantes, primeros, principales… ni platos propios. Toda la comida que se pone encima de la mesa tiene el mismo rango y toda se comparte. Algo que ahora seguro explica muchas de tus dudas.

Si hay una comida que más o menos se extiende a lo largo y ancho del subcontienente indio esa es el thali. Una especia de menú degustación de salsas especiadas que se acompañan de arroz y que se sirven sobre hoja de banano. Obviamente, toco con las manos.

Al lado de este menú degustación que estamos elaborando colocaríamos un plato de samosas, que no son más que empanadillas indias con carne o verduras y unas pakoras, que serían como unos buñuelos de verduras especiados que son ideales para complementar con algo más sólido el thali.

Si hay un plato especialmente sabroso es el humilde dal, o guiso de lentejas picante que es toda una delicia y que en su versión makhani es toda una gozada. Otros platos vegetarianos -la mayoría lo son porque el país lo es en su gran mayoría- son el aloo gobhi, o curry de patatas y coliflor, y el okra o judía verde.

Los lácteos son otro de los complementos habituales en sus salsas como sucede en el paneer palak, un guiso de espinacas. Ante la ausencia de ternera, prohibida en la mayoría de lugares, el consumo proteínico recae sobre el cordero y el pollo, ya que el cerdo también es una rara avis, sobre todo en la zona norte del país y en la frontera con Pakistán a través de Kachemira.

Es allí donde sirven el rogan josh, un guido de cordero espectacular que vale la pena probar. Los amantes del pescado y el marisco lo podrán encontrar, sobre todo, en la zona del Golfo de Bengala donde uno de sus platos estrella es el narial jhinga que puede llevar gambas o pescado con curry y leche de coco.

Picante, más o menos, pero picante

El naan bread, hecho en horno, las especialidades tandoori, también al horno y las masalas -mezclas de especias- no pueden faltar junto al pan en una comida elaborada con un alto nivel de especias picantes para un paladar español. De hecho, en la mayoría de ocasiones, cuando pidamos un plato ‘nada picante’ encontraremos uno que lo será en menor grado pero lo seguirá siendo. No saben cocinar sin él y debes tenerlo claro antes de sumergirte en esta comida. Vale la pena.

Época de matanza: Así se hace de manera tradicional, paso a paso

De la mano del invierno, en muchos pueblos de España, y también de los países europeos, llega el momento de hacer la matanza. Es decir, el sacrificio -en España principalmente de cerdos- de animales después de que estos hayan alcanzado la madurez para la elaboración de alimentos que surtan a las familias durante todo el año.

Una tradición que tiene tres fases necesarias antes de que lleguen las delicias cárnicas a la mesa. La primera, la del engorde, en la que los porcinos pasan de la lactancia a alimentarse durante varios meses, en función de para lo que vayan a ser utilizados a la postre, y que se suele situar en los diez meses.

Ya en la segunda será cuando se sacrifique a los animales y que durará alrededor de dos o tres días y en la que vamos a poner el foco. Y es que tradicionalmente se aprovechaban los días previos para avisar a la familia y congregarla a la mesa para el gran momento, llamándose al mejor matarife y afilando los cuchillos empleados el día D a la hora H.

Temprano, después de un buen desayuno, el maratife agarra con un gancho al animal del pescuezo y le lleva a la sala donde aguarda la familia para atar, aguantar su intento de escapada y recoger la sangre que este vaya dejando durante el proceso de sacrificado. De esta sangre se sacará lo necesario para el embutido no dejando que esta se cuaje removiéndola.

Ya sin sangre, es el momento de quemarle el pelo y abrirlo en canal, retirándose posteriormente las vísceras en un momento de los más desagradables ya que el olor de el estómago y los intestinos mientras se lavan, son de lo más fuertes para los menos duchos en estos asuntos. Después de que el veterinario dé el visto bueno, será el momento de despedazarlo para aprovecharlo entero.

Mientras que los jamones y las paletillas se salarán, se adobarán los lomos, se sazonarán los chorizos con sal y pimentón y se sazonará el tocino. Los chorizos con carne picada y la morcilla con sangre y cebolla o arroz se realizará a los dos o tres días introduciéndola en la tripa limpia del animal. Los ahumados, como las morcillas, serán expuestos al humo.

Cebado, matanza y curado: Así se elabora el embutido

Por último llegará la fase del curado, que se producirá mayoritariamente en salazón y dejando que el aire y el tiempo pongan de su parte para curar las piezas llegando en muchos casos a dejarse durante años antes de retirarse de donde se han colgado de un alto para consumirse.

Es entonces, cuando ha acabado la curación, cuando está listo para ponerse encima de la mesa y, acompañados de un cuchillo, un tenedor y algo de pan, dar buena cuenta de un proceso ancestral que dura varios días y que tiene lugar en invierno en muchas poblaciones de España, y de todo el viejo continente. El resultado, ya lo saben, una exquisitez de primer orden.

Recetas de platos para combatir el frío del invierno

Estamos en pleno invierno y, una de las consecuencias de las bajadas de las temperaturas, es la necesidad que nos genera nuestro cuerpo de comer más calentito, más calórico y, en definitiva, apostar por las tradicionales recetas invernales.

Si en algo es rico España es en gastronomía y, por ende, en un recetario del que vamos a rescatar algunos de los platos que nos ayudarán a aumentar en varios grados nuestra temperatura corporal… mientras de paso disfrutamos de una sabrosa comida.

Uno de los clásicos, y también de los más fáciles, es el caldo de pollo o gallina, según la zona de España y el precio de los alimentos en el mercado. Para elaborarlo tan solo tenemos que tener tiempo y paciencia para poner en una olla con agua el producto principal y algunas verduras como la cebolla, la zanahoria y el pimiento, además de tomate. Si además tenemos garbanzos a mano, mejor que mejor. Si disponemos de poco tiempo, siempre podemos echar mano de la olla exprés.

Los guisos son una de esas comidas que apetecen en invierno y que nos llevan a salivar nada más oler la preparación y colocar la cuchara en la mesa. Uno de los más clásicos en España es el de alubias, que puede ser más o menos calórico en función del gusto. En el primer grupo incluiríamos las alubias con chorizo, a las que echaremos garbanzos y un hueso de pollo para dar más sabor la hora larga que dejaremos cociendo en el fuego. En el segundo grupo podríamos meter las alubias con calamar y verduritas. Las dos son un éxito asegurado.

El plato por excelencia del País Vasco, el marmitako, es otro de los que vale la pena tener la receta cerca durante estos días de frío. Aunque el bonito -ingrediente principal de este plato- no está de temporada, podemos echar mano de atún de piscifactoría… o también de salmón, trucha u otros pescados que están ahora en su momento. Con sus verduritas y un trozo de pan para dejar el plato limpio tendremos una comida de diez.

No pueden faltar las legumbres en la mesa de una cocina española en invierno. Si antes mentábamos a los garbanzos, ahora nos acordamos de las tradicionales lentejas. De nuevo dos versiones. La primera, más potente, con chorizo, morcilla y jamón. La segunda, más liviana, de verduras con zanahoria, patata y judías. Ambas necesitarán de un buen rato de olla que recompensará la espera de todas todas.

Más de lo mismo en relación a las sopas. La que os recomendamos desde aquí es la mítica minestrone con alubias blancas, verdutias de temporada y queso en un plato caliente, con tropezones que invitan a seguir dando cucharadas y con la que incitara a los más pequeños a comer de todo.

La última propuesta que recomendamos desde aquí es la crema de calabaza, que parece estar también volviendo a vivir una segunda juventud, retocada al gusto. Más allá de la reina anaranjada de este plato, apuntar que el vino blanco, el cava o la sidra y los frutos secos le quedan de muerte… ¡y también las gamnas. ¡Prueba y nos comentas!